Por la noche,
después de la cena, reunidos los cinco miembros de la tripulación, mientras departían
amistosamente, Samuel recordó que al final el comandante no le había contado el
chiste y, pensando que este podía ser un buen momento le pidió a su amigo que
lo hiciera. Este, por descontado procedió.
Un hombre va al médico.
Le cuenta que se encuentra mal, deprimido. Le explica que ya nada tiene sentido
para él, que nada le produce felicidad. Que siente un dolor constante en el
pecho, algo que le oprime desde dentro. No duerme y la comida no le sabe a nada.
Tiene miedo del futuro pues todo apunta a un trágico desenlace, se siente solo
en este mundo repleto de amenazas y dolor.
El médico le dice
que el tratamiento para su caso es sencillo. Le cuenta que en la ciudad hay un
payaso de nombre Pagliacci, vaya usted a verlo, seguro que eso lo animará, todo
el mundo sale feliz y riendo tras verlo. El hombre alza la vista y mira al
médico y le dice: Pero doctor, eso no puede ser ¿Por qué? Pregunta el doctor. Porque yo soy Pagliacci.
Extracto de la novela "El verano del socorrista". Disponible quién sabe cuándo y dónde.
