Si un
genocida se pavonea ante los escombros de un colegio donde unas horas antes
jugaban los niños, dos más dos pueden ser cinco. Si un violador repugnante se
creé una especie de profeta, dos más dos pueden ser cinco. Si arden los bosques
por la mano del hombre y estallan las bombas a millares; si no existen los
tribunales que juzguen a esos dementes que parasitan a los idiotas que los
sentaron en sus tronos relucientes; si todo eso puede suceder mientras la
justicia se ha mudado a un lugar lejano, donde ni los gritos ni los sollozos
pueden oírse, allí donde no llega la pestilencia de tanta matanza y la humanidad ha
dejado de luchar, sucumbiendo ante esa ponzoña oscura que lo envenena todo como antaño la peste; si de verdad esto está pasando ¿Quién cojones se
atreverá a decir que dos más dos no pueden ser cinco?
