Mediocres del mundo ¡Me río en vuestra cara!

martes, 6 de octubre de 2026

Pagliacci.

 

Por la noche, después de la cena, reunidos los cinco miembros de la tripulación, mientras departían amistosamente, Samuel recordó que al final el comandante no le había contado el chiste y, pensando que este podía ser un buen momento le pidió a su amigo que lo hiciera. Este, por descontado procedió.

Un hombre va al médico. Le cuenta que se encuentra mal, deprimido. Le explica que ya nada tiene sentido para él, que nada le produce felicidad. Que siente un dolor constante en el pecho, algo que le oprime desde dentro. No duerme y la comida no le sabe a nada. Tiene miedo del futuro pues todo apunta a un trágico desenlace, se siente solo en este mundo repleto de amenazas y dolor.

El médico le dice que el tratamiento para su caso es sencillo. Le cuenta que en la ciudad hay un payaso de nombre Pagliacci, vaya usted a verlo, seguro que eso lo animará, todo el mundo sale feliz y riendo tras verlo. El hombre alza la vista y mira al médico y le dice: Pero doctor, eso no puede ser ¿Por qué? Pregunta el doctor. Porque yo soy Pagliacci.

Extracto de la novela "El verano del socorrista". Disponible quién sabe cuándo y dónde.



jueves, 3 de septiembre de 2026

Las crónicas de Mierdonia. Capítulo dos. Poniendo orden.

 

Tras la muerte por envenenamiento —como manda la tradición— de Cagallón VI, su hijo Mierdonio —el mismo que le entregó la copa con arsénico— tenía mucho trabajo por delante. Era Obvio que su padre no había sido el emperador absolutista que prometió ser cuando accedió al trono —pasando olímpicamente de la tradición del veneno— tras decapitar a su padre Mojón III mientras el pobre insensato dormía en el trono borracho perdido.

En los últimos años Cagallón se había dedicado a comer y fornicar de manera compulsiva, dejando de lado asuntos tan importantes como las ejecuciones y las torturas que al viejo monarca ya no divertían como de joven, algo normal después de presenciar tantas y tantas. Mucho se relajaron los ciudadanos de Zurullia que, ante la pasividad de su monarca en cuanto a las prohibiciones sobre peinados y vestimenta, comenzaron a dejarse melena, rizarse  el pelo al estilo afro y vestir como esos jipis zarrapastrosos. Algo insólito ¿Qué sería lo próximo, usar camisas hawaianas? Algo que siempre estuvo prohibido bajo pena de destierro, eso como poco. 

En cuanto al culto al profeta Puturrú, el monarca era cade vez menos devoto, lo mismo que sus ministros, que eran todos un atajo de patanes, como así estaba establecido en la constitución que promulgó siglos atrás el gran Cagarrico II. Donde quedaba bien claro que estos no podían superar un cociente intelectual de ochenta y cinco —el que tenía el bueno de Cagarrico— en ningún caso y, por descontado, debían ser todos hombres de raza blanca. La gota que colmó el vaso de la paciencia de Mierdonio fue que su padre nombró a una mujer ministra de Actividades Pueriles y Sin Sentido, ministerio de suma importancia en cuanto a la educación, tanto o más que el Ministerio de Bailes estúpidos. No, esto no podía seguir así, su padre estaba chocheando peligrosamente. Era hora de poner orden en el imperio. Lo primero que haría, tras «suceder» a su padre, sería cambiar el título de emperador por teocratador, que no sabía muy bien que significaba pero le gustaba mucho por haberlo inventado él. Los ministros serían todos destituidos por decreto firmado en el hacha del verdugo; pasando los nuevos, que como ya se ha dicho, no podían superar en inteligencia a su nuevo teocratador, a llamarse mierdistros, como lo harían el resto de cargos públicos. Desde el día de su proclamación, todos los cargos públicos llevarían el prefijo mier precediendo al cargo. 

La nación pasaba a llamarse Mierdonia en honor a su nuevo líder militar, espiritual, etcétera, etcétera. Los mapas debían ser corregidos en el plazo de un mes. Así pues, los Zurullones, hombres y mujeres de frente ancha y cejijunta, pueblo duro como el terruño y basto como el esparto, se convirtieron en mierdonios, que para el caso…


Algunos de los nuevos mierdistros de Mierdonia.


 

Grandes lecturas

Grandes lecturas

Vistas de página en total

No tiene buena pinta este tipo ¿Qué hacemos con él? Dejadle que siga escribiendo...

¡Yo os maldigo por salir de la caverna!

¡Yo os maldigo por salir de la caverna!
Primera ley de la Filosofía: Por cada Filósofo, existe otro filósofo igual y opuesto. Segunda ley de la Filosofía: Ambos filósofos están equivocados. Corolario: Una gran verdad es una verdad cuyo opuesto es también una gran verdad.

¡Escuchad al profe, zoquetes!

¡Escuchad al profe, zoquetes!