Mediocres del mundo ¡Me río en vuestra cara!

lunes, 10 de agosto de 2026

Mare nostrum

Entre el vespertino sopor cálido y húmedo de una playa de luz cegadora y sol inclemente, irrumpe una voz desde la tumba: el norte está lleno de frío y siempre llueve en domingo…y yo pienso que así deben ser las cosas. El norte verde y esperanzador a pesar de los nubarrones que opacan la luz del sol. El sur con el cielo y el mar fundidos en uno. Intenso azul como en los cuadros de Sorolla.

Y me pregunto si esos contrastes y esa diversidad natural es lo único que no pueden quitarnos, pues todo lo demás podemos perderlo en cuestión de días, incluso en horas. Muy frágil es el tejido de la red que nos protege del vacío. Si caemos en él, no podrá soportar tanto peso. Demasiado lastre. La libertad de pensamiento y expresión y la propia de cada individuo, la de poder elegir y, por supuesto la del libre albedrío, que no es más que un sueño, una utopía como todas las demás. Muchas libertades a proteger.

Reflexiono sobre la cultura y el pensamiento crítico y en lo que nos debería diferenciar a hombres y bestias y en tantas y tantas cosas bellas e importantes que están en peligro de extinción. Esa clase de cosas que en algunos lugares ya no existen, pues yacen sepultadas bajo los escombros.

No debería pensar este tipo de cosas en un momento de paz y sosiego como este. El Mediterráneo y yo, lo demás solo son ideas revoloteando en mi sesera. Están de más.  Como tantas cosas que nada aportan a nuestra vida.

Sería más recomendable y más apropiado  sentir esta brisa en el rostro y no pensar en nada, dejando la mente en blanco,  como si fuera uno de esos monjes budistas de rostro sabio y risueño. Algo imposible en mi caso. Yo siempre estoy imaginando escenarios con sus personajes, sus dramas y circunstancias. A veces tan solo hay un murmullo en mi cabeza, un oleaje o el sonido de un río, pero siempre hay algo rumiando. Otras veces, una tormenta riega a su paso los campos donde pastan mis estimadas neuronas. Reses dispersas en un monte apacible. En ocasiones las asusta un vendaval, o las incomoda un gentío, una masa que no para de cantar o de gritar, exaltados unos, excitados los demás.

Hay quien opina que desde que Ziggy Stardust y sus otros alter ego nos abandonaron, todo empezó a irse a la mierda, o al menos más deprisa. Yo no lo tengo tan claro. Yo solo sé, que debo calmarme y no dejarme arrastrar por la ola de mugre que avanza sin control y debo recordar, que la humanidad lleva colapsando desde que los primeros barcos navegaron por este mar donde nado entre bancos de Salpas y otros peces típicos de estas aguas. Dada mi naturaleza inquieta, no puedo evitar pensar que ellos seguirán aquí mucho tiempo después de que nosotros sólo seamos el sustrato que los alimente.



lunes, 18 de mayo de 2026

Estación en curva

Mientras espero a que llegue el tren pienso en qué poderosa fuerza separa a esa gente de arrojarse a las vías, como en una especie de suicidio colectivo de una de esas estúpidas sectas americanas. Esa masa aborregada que se agolpa en el andén maldiciendo en silencio su mala estrella, farfullando  y pensando en dar el par de pasos que les separa de la vía, o tal vez no, y ese funesto pensamiento solo está en mi cabeza.  Aunque sea en sentido metafórico,  sigue siendo terrible.

Lo más probable es, que solo esperan con resignación a que aparezca el tren de una maldita vez, sin pensar en nada, o al menos en nada que vaya a cambiar el mundo. Esa clase de ideas revolucionarias que de vez en cuando surgen en el lugar más extraño y en el momento menos previsible. Quién sabe lo que en verdad pasará por esas cabezas. 

Entre tanto, el reloj  del andén apenas se mueve y los minutos que aún restan para que ese armatoste metálico surja del túnel pasan con agónica lentitud, frenados por algún misterioso efecto que no logro descifrar. Por mi parte, me entretengo imaginando sus vidas. Probables oficios y afiliaciones políticas y otras consideraciones dependientes de la raza, el credo y la condición social. Etcétera, etcétera. Datos que probablemente estén muy lejos de la realidad; tanto como de que les toque la lotería.

¿Dónde van? ¿Cuál el destino al que se dirige ese dócil rebaño? Refunfuñando algunos, resignados la mayoría; sea donde sea, llegan tarde. Una vez más, de nuevo por culpa de una avería, una de tantas.

La voz nasal que anuncia la llegada y partida de los trenes repite el mismo mensaje sin descanso. Que hartazgo, ya sé que no está permitido fumar ni cruzar las vías, joder, ni que fuéramos estúpidos.

Siempre que esa voz dice: Parla vía… yo hago un pareado obsceno o una gracia cutre y poco original; no puedo evitarlo, es como si en esta especie de caverna solo estuviera operativo mi cerebro  de reptil.

¿Qué me mantiene  lejos de esos pensamientos suicidas? Tal vez la ilusión de que algún día no tendré que volver a subir a ese tren que siempre llega tarde; tal vez la música de esas viejas leyendas arrugadas o muertas que suelo escuchar; los mismos durante treinta años, en esa época en la que eran jóvenes y apuestos y lo tenían todo a su favor. Llamadme nostálgico, no me importa, me han llamado cosas peores. Esos tipos, ahora viejos y arrugados como ciruelas pasas –triste evidencia de que nadie, incluidas las celebridades está a salvo de la decadencia– siguen respondiendo a mi necesidad vital y nunca me fallan. La mierda, por mucha que toque tragar, pasa mejor con miel.

La imaginación también ayuda a soportar el tedio y el cansancio  Esa capacidad innata de imaginar escenarios imposibles. Como tener sexo con esa replicante que se sienta a mi lado; un Nexus 6 tan artificial como apetecible, con su lujurioso aspecto y embriagadora envoltura. O secuestrar el tren a punta de pistola y llevarlo lejos, hasta donde terminen las vías y más allá, eso tampoco estaría mal. Estupideces sin sentido tan estériles como los sueños de fuga de un convicto; tan irrealizables como viajar al Sol o al inframundo. Pobre de aquel que crea que va a encontrar la salida del laberinto, si es que existe…

Por ahora, lo que sí parece que está saliendo de su agujero es ese maldito gusano chirriante. Por fin llega, ya se oye ese sonido tan familiar acercándose, aumentando el estruendo y ahogando la voz, que no es tan rotunda como la de Ramón Langa y suena sin ganas ni ilusión, avisando a los gilipollas que aguardamos a que el tren se detenga, de que tengamos cuidado con donde metemos los pies: Atención, estación en curva…


                                                            ©Imagen de Patricio Betteo

 

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No tiene buena pinta este tipo ¿Qué hacemos con él? Dejadle que siga escribiendo...

¡Yo os maldigo por salir de la caverna!

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Primera ley de la Filosofía: Por cada Filósofo, existe otro filósofo igual y opuesto. Segunda ley de la Filosofía: Ambos filósofos están equivocados. Corolario: Una gran verdad es una verdad cuyo opuesto es también una gran verdad.

¡Escuchad al profe, zoquetes!

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