Entre el vespertino sopor cálido y húmedo de una playa de luz cegadora y sol inclemente, irrumpe una voz desde la tumba: el norte está lleno de frío y siempre llueve en domingo…y yo pienso que así deben ser las cosas. El norte verde y esperanzador a pesar de los nubarrones que opacan la luz del sol. El sur con el cielo y el mar fundidos en uno. Intenso azul como en los cuadros de Sorolla.
Y me pregunto si esos contrastes y esa diversidad natural es lo único que no pueden quitarnos, pues todo lo demás podemos perderlo en cuestión de días, incluso en horas. Muy frágil es el tejido de la red que nos protege del vacío. Si caemos en él, no podrá soportar tanto peso. Demasiado lastre. La libertad de pensamiento y expresión y la propia de cada individuo, la de poder elegir y, por supuesto la del libre albedrío, que no es más que un sueño, una utopía como todas las demás. Muchas libertades a proteger.
Reflexiono sobre la cultura y el pensamiento crítico y en lo que nos debería diferenciar a hombres y bestias y en tantas y tantas cosas bellas e importantes que están en peligro de extinción. Esa clase de cosas que en algunos lugares ya no existen, pues yacen sepultadas bajo los escombros.
No debería pensar este tipo de cosas en un momento de paz y sosiego como este. El Mediterráneo y yo, lo demás solo son ideas revoloteando en mi sesera. Están de más. Como tantas cosas que nada aportan a nuestra vida.
Sería más recomendable y más apropiado sentir esta brisa en el rostro y no pensar en nada, dejando la mente en blanco, como si fuera uno de esos monjes budistas de rostro sabio y risueño. Algo imposible en mi caso. Yo siempre estoy imaginando escenarios con sus personajes, sus dramas y circunstancias. A veces tan solo hay un murmullo en mi cabeza, un oleaje o el sonido de un río, pero siempre hay algo rumiando. Otras veces, una tormenta riega a su paso los campos donde pastan mis estimadas neuronas. Reses dispersas en un monte apacible. En ocasiones las asusta un vendaval, o las incomoda un gentío, una masa que no para de cantar o de gritar, exaltados unos, excitados los demás.
Hay quien opina que desde que Ziggy Stardust y sus otros alter ego nos abandonaron, todo empezó a irse a la mierda, o al menos más deprisa. Yo no lo tengo tan claro. Yo solo sé, que debo calmarme y no dejarme arrastrar por la ola de mugre que avanza sin control y debo recordar, que la humanidad lleva colapsando desde que los primeros barcos navegaron por este mar donde nado entre bancos de Salpas y otros peces típicos de estas aguas. Dada mi naturaleza inquieta, no puedo evitar pensar que ellos seguirán aquí mucho tiempo después de que nosotros sólo seamos el sustrato que los alimente.

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