Estoy
decidido. Sé que al principio dolerá. Algo parecido a lo que sucede con los
cuernos, que duelen hasta que salen, después no tanto.
Estoy
dispuesto. Es ahora o nunca. Este es el momento y no debo dejarlo pasar, pues
por demasiado tiempo lo he postergado. No por miedo, que va, ese no es el
problema. Si he tardado tanto, ha sido porque siempre que me disponía a dar el
paso, un libro, una película o un atisbo de cordura me lo impedía, pero ya no
hay fuerza en este mundo que pueda contrarrestar tanta estupidez…
Ser idiota
no está tan mal. Ya lo decía Quevedo: «Todas las personas que parecen idiotas, lo
son, y también lo son la mitad de las que no lo parecen»
Así que,
sí, estoy decidido, como Jorge Ilegal – Jesusito de mi vida, lo tenga en su gloria – a mongolizarme.

Si lo logras, me gustaría que me explicaras el proceso y cómo te sientes.
ResponderEliminarEl proceso es sencillo. Un par de días de televisión intensiva. Tele 5 o algo similar. También vale un maratón de esos programas donde hablan "expertos" politólogos de la actualidad política. Si lo acompañas de una botella de anís del mono, puede ser un buen catalizador, pues acelera la conversión. Un partido de fútbol Madrid vs Barcelona, un día entero leyendo comentarios en redes sociales ,de cualquier tema, da igual, por peregrino que sea etc.
ResponderEliminarMuchas son las formas. Leer el Premio Planeta de las últimas ediciones también ayuda.
Una vez finalizado el proceso, ya puedes opinar cualquier cosa en las conversaciones taberneras, sin pudor ni filtro, como Torrente.
Tener el cerebro como el de un chorlito te deja una sensación de paz muy recomendable, la verdad es que es cierto eso de que la ignorancia es la felicidad.
Gracias por tu apoyo y fidelidad a este blog tan "marginal"
Mongolizarse quizás sea la autoagresión más supina para quien carece de amor propio y cree que sabe latines. Saludete en los márgenes.
ResponderEliminarEs probable, mi estimado amigo. Razón no te falta. En mi caso, como dijo aquél: no sé la mitad de lo que debería y, esto es más de la mitad de lo que debería saber. Pero lo que sí sé, es que a veces la ignorancia y la estupidez se recompensan - de igual modo que la desfachatez y la mediocridad - más que el trabajo y la constancia. Un saludo.
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